pido de antemano una disculpa por cualquier tinte panfletario de este texto. detesto los escritos que no se definen desde una postura crítica y situada. quizá los años reparen este desbarate.
tengo una cierta comezón al fondo de la certeza sobre la creación sonora. pasé varios años interesándome por las categorías y las estructuras, hasta que algún profesor me dijo (parafraseando): “…esta bueno entender que los géneros, si bien son una herramienta útil para la historia, terminan siendo más bien una estrategia de marketing que utilizan los mercados de la música para posicionar lo que a ellos les interesa”. aún así, estuve años pagando a una distribuidora que mantuvo activo el mediatizado sueño de que puedo ser importante, reconocidx y exitosx; de que mi singularidad es “más” importante; que mi libertad económica está directamente vinculada a mis capacidades creativas; que puedo convertirme en una marca, en un símbolo; que mis fracasos de industria son solo la falta de un equipo de marketing (servicio que casualmente también ofrecen). lo que me conflictúa en todo esto es tener que depender de unas dinámicas de industria para que las cosas que hago con un cariño honesto sean enunciables como “música”.
el punto de quiebre viene cuando me vinculé al Ruido y la Experimentación Sonora. la distribuidora me dijo que era imposible publicar mis canciones porque los contratos con las plataformas impiden que una “música” de mala calidad sea subida. aún habiendo justificado que la dicha “mala calidad” era una condición intencional de la obra, que era una estética internacionalmente reconocida, la distribuidora reiteró sus políticas y me recomendó una aplicación de IA con la que “podría reescalar la resolución de mi canción”.
alaro. es obvio que el Noise no es una categoría de consumo. al contrario, es una resignificación subversiva de un lenguaje marginalizado. claro que es posible que lleguen obras de Noise a las plataformas. si tienes los contactos correctos.
sumado a esto, 2025 ha sido un periodo de intensa violencia en la política internacional. además de una etapa personal de alta exposición a lecturas post-marxistas e investigaciones sobre el sonido como objeto político (mi momento más zurdo hasta la fecha, podría decir). ha sido imposible ignorar que plataformas como Spotify y Amazon parecen tener una clara convicción sionista y ocupar roles no solo de explotación sobre sus artistas, sino de dominio político sobre dinámicas globales. si bien tengo dudas sobre las prácticas militantes y radicales, creo que no soy capaz de seguir pagando para que (además de que Instagram continúe vendiéndome sus ideas de que debo ser influencer para tener éxito) lo que compongo (evito hablar en plural) habite en plataformas que se lucran de nuestra fundamental relación con la significación sonora para financiar violencias sistemáticas y masacres.
reconozco que mi discurso se contraría con mis actos: sigo pagando plataformas de streaming o utilizando Instagram, como pizza con Pepperoni y tengo un MacBook. supongo que ir enfrentando un dilema ético a la vez es lo suficientemente agotador y complejo. no pretendo emitir una imágen de aparente iconoclástia, sino únicamente preguntarme por el cuidado de lo que está a mis manos.
en cualquier caso, aquí está toda mi música como links directos de descarga (click en las imágenes). si te gusta lo que yo u otrxs artistas hacen, apóyanos directamente: compra la merch, asiste a los eventos, adquiere la música en plataformas más éticas como Bandcamp.
esto es una apuesta directa por la autopiratería.